miércoles, 21 de marzo de 2012


Origen de la devoción a Nuestra Señora de la Estrella.
La historia de la devoción a Nuestra Señora de la Estrella comienza en Francia, en Gales, en una localidad llamada Montebourg, donde había un monasterio pequeño de monjes cistercienses y que, en un momento determinado de su historia las tropas francesas llegaron a invadir y destruir todo. Los monjes huyeron para salvar sus vidas.
Se dice que dos de ellos caminaban por aquellos parajes y,  al acabar el día descubrieron un altozano, la Musseresse, desde el cual se divisaba el Atlántico. Uno de ellos, para descansar, se acomodó en una barca de la playa, mientras el otro se puso a dormir en tierra. A la mañana siguiente el mar y los vientos habían arrastrado la barca. Fray Rogelio, entristecido por no encontrar a su compañero, invocó la ayuda de María.
Dormido tuvo una visión: una estrella caía del cielo con estruendo y quemaba el bosque, y una voz, la de María, le pedía que en aquel lugar construyera un santuario en su honor. Movido por esta solicitud divina levantó una pequeña choza con el propósito de cumplir la orden del cielo.
Por la cercanías se corrió la voz de la visión que tuvo el monje y llegó a olidos del duque Don Guillermo el Bastardo, de Inglaterra, que andaba por aquellos parajes, de regreso a su país. Prometió la ayuda al monje para cumplir la petición del cielo y, además le dio noticias de su compañero, que fue llevado por la barca hasta Inglaterra.
Poco a poco se fue construyendo una abadía, que llegó a tener gran esplendor, dedicada a Nuestra Señor de la Estrella.
Una estrella adornaba la aureola de la Virgen y otra a sus pies, por ser Ella la que los condujo a la salvación.
Con el paso de los años el monasterio quedó abandonado. El obispo de “Coutances”, Monseñor Delamae, decidió entregarlo a la congregación religiosa fundada por él: Los hermanos de las Escuelas Cristianas de la Misericordia, a insistencia de Santa María Magdalena Postel, fundadora de la rama femenina. 
En el transcurso del tiempo la abadía sufrió los castigos de las invasiones de los herejes y de las revoluciones y, en el siglo XVIII había quedado casi destruida y profanada. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la Misericordia emprendieron su reconstrucción en 1844.
Los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la Misericordia fueron disminuyendo en número y las vocaciones eran muy escasas, al grado que sólo quedaban unidades y, en el siglo XIX solicitaron la incorporación a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundados por San Juan Bautista De La Salle, pues las reglas que los regían eran las mismas y, en 1938 se unieron definitivamente a los FSC.
Una vez integrados a la Congregación lasallista, el Monasterio pasó al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y, a partir de allí se inicio la difusión y devoción en el mundo lasallista.
Fue así como los Hermanos de La Salle integraron esta devoción a su Instituto y, como el signo de la estrella era distintivo de su escudo, SIGNUM FIDEI, no resultó difícil hacer la relación entre la Virgen de la Estrella y el distintivo de la Congregación. Además, en el manto de la Virgen aparecen las letras del alfabeto griego, como signos de la educación y de la enseñanza que los Hermanos prodigan a niños y jóvenes.  
En 1955 el H. Dionisio de Jesús, vicario general, proclama a Nuestra Señora de la Estrella como Reina y Madre de las Escuelas Cristianas.
Desde entonces, Nuestra Señora de la Estrella funge como Reina y protectora de las Escuelas Lasallistas; es como si la Santísima Virgen hubiera querido que en el Instituto se adoptara su advocación, por ser ella la Estrella de la Evangelización; de hecho, es la Estrella de la fe, signo de fe, que forma parte nuclear de la espiritualidad lasallista.
En el momento actual esta obra es sede de una pujante escuela de formación agrícola, dirigida por los Hermanos de La Salle.   


 

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