lunes, 16 de septiembre de 2013

Miguel Febres Cordero (1854-1910)

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religioso, del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

Su infancia

Francisco Luis Florencio Febres Cordero Muñóz nació en Cuenca, el 7 de Noviembre de 1854. Sus padres fueron don Francisco Febres Cordero, guayaquileño y doña Ana Muñoz Cárdenas, quienes  con pena comprobaron que el niño nació con los pies torcidos.. Al cumplir 9 años de edad ingresó en la Escuela de los Hermanos de las Escuelas Cristianos de la ciudad de Cuenca.

En 1863 los Hermanos de las Escuelas Cristianas abren una escuela en Cuenca (Ecuador). Entre los primeros alumnos figura Francisco Febres Cordero. La educación cristiana comenzada en la familia recibe en la escuela nuevo impulso y desarrollo, gracias sobre todo a la lección de catecismo y al ejemplo de los educadores, y así vemos cómo la estrella de la vocación Lasalliana no tarda en despuntar en el espíritu abierto del joven ecuatoriano. La oposición que encuentra por parte de sus padres, que quisieran encaminarlo hacia el sacerdocio, no le desalienta. Francisco, que desde sus más tiernos años acostumbra confiar a la Virgen todas sus dificultades, encuentra en Ella la fuerza para seguir adelante en su propósito. Finalmente, el 24 de marzo de 1868, obtiene de su madre la autorización para ingresar en el noviciado de los Hermanos: es la víspera de la fiesta de la Anunciación. Al revestir el hábito Lasalliano, Francisco recibe el nombre de Hermano Miguel. Luego el primer hermano de América Latina en consagrarse a la vida religiosa.

Profesional

Con ello no cesa sin embargo la lucha por la fidelidad a su vocación. El padre de Francisco, aun habiendo aceptado la decisión de su esposa, no escribe a su hijo una sola línea en cinco años. Antes de cumplir 15 años se dirigió a Quito y, después de una vasta formación, se desempeñó como maestro, inspector y procurador en la escuela del Beaterio; y como profesor de la Escuela Práctica de Cadetes. Durante este tiempo, también elaboró toda clase de textos escolares. Sin embargo, su trabajo preferido, durante los 37 años de permanencia en Quito, fue preparar a los niños para su Primera Comunión. Entre tanto, en 1890, cuando tenía 36 años, se fundó en Quito el Instituto "La Salle". El Hermano Miguel fue nombrado inspector del mismo y profesor de gramática. Dos años después por sus cualidades literarias y poéticas fue incorporado a la Academia Ecuatoriana de Lengua. El joven profesor sobresale en la enseñanza de la lengua y literatura españolas y, ante la carencia de manuales y libros de texto apropiados, se decide a componerlos él mismo. El gobierno ecuatoriano no tardará en adoptarlos para todas las escuelas del país. Con el correr de los años el Hermano Miguel dará a la imprenta otras obras, sobre todo del campo de la poesía y de la gramática, las cuales le abrirán las puertas de la Academia Nacional. Compondrá también catecismos para la infancia, siendo la catequesis el campo preferido de su actividad apostólica. De modo especial, reclamará y obtendrá siempre para sí el privilegio de preparar a los niños a la Primera Comunión, dedicándose a esta delicada labor hasta El 27 de mayo de 1907 le enviaron a París y Bruselas para la composición de textos escolares.  Este asiduo contacto con los niños hacia que los eduque con sencillez ya que su devoción al Niño Jesús era muy grande. Con la sencillez evangélica brillan también en él las virtudes propias de la vida religiosa: la pobreza, la pureza, la obediencia. Sobre todas ellas resplandece la caridad, que se nutre en la piedad eucarística y en la devoción a la Virgen.

 

 

Acrisolado por Dios

Su santidad irradiará también en el viejo continente. En 1904, como consecuencia, en Francia, de las leyes hostiles a las congregaciones religiosas, muchos Hermanos de La Salle, no pudiendo ejercer su apostolado en su propio país, deciden expatriarse. Numerosos son los que optan por España y los países de América latina. La necesidad de procurar a esos valerosos Lasallianos el conocimiento indispensable de la lengua castellana, mueve a los Superiores a trasladar al Hermano Miguel a Europa para que pueda dedicarse a la composición de textos apropiados para un estudio acelerado de dicho idioma. Tras unos meses de estancia en París, el Hermano Miguel se traslada a la Casa Generalicia de los Hermanos en Lembecq-lez-Hal (Bélgica).

Enteramente dedicado a su nueva tarea, su virtud no deja de irradiarse en su nuevo ambiente. Pero el clima belga, tan diferente del de su propio país, no le favorece, y los Superiores juzgan conveniente trasladarlo a España, asignándole como residencia el Centro internacional Lasalliano de Premia de Mar, en la provincia de Barcelona. Los jóvenes formandos admiran la cultura y la sencillez del Hermano Miguel no menos que su gran amor de Dios.

En el mes de julio de 1909 ráfagas de viento revolucionario llegan hasta Premia de Mar y poco después sobreviene la "Semana Trágica". Ante la frecuencia de actos de violencia anticlerical, los Superiores se ven precisados a trasladar a Barcelona a formandos y formadores hallándoles un refugio en el embarcadero del puerto y luego en el colegio Nuestra Señora de la "Bonanova"(Inmaculada Consepción ) . En esos momentos trágicos el Hermano Miguel se hace custodio de las formas consagradas de la capilla de Premia.

Regreso a la casa del Padre

Pasada la borrasca revolucionaria los Hermanos regresan a Premia de Mar. Mas ahora es el Señor quien llama a Sí a su fiel siervo. A finales de enero de 1910 contrae una pulmonía que su débil organismo no llega a superar. Tras una agonía de tres días y confortado con los santos sacramentos, el Hermano Miguel entrega su alma a Dios el 9 de febrero de 1910. Sus últimas palabras fueron: "Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía", trilogía del amor que inspiro toda su vida. La noticia de su muerte es acogida con emoción y llanto. La República del Ecuador proclama un duelo nacional.
Hermanos y ex alumnos del Hermano Miguel rivalizan en admiración y enaltecimiento por sus virtudes. Los favores atribuidos a su intercesión no tardan en multiplicarse. En 1923 se inicia en Quito y en Cuenca el proceso informativo en vistas a la beatificación. Sigue en 1924 el de Barcelona. En 1936, durante la revolución española, se lleva a cabo el traslado al suelo patrio de los restos mortales del siervo de Dios, que reciben una acogida triunfal. La tumba del Hermano Miguel se convierte en centro de continuas peregrinaciones. Su homenaje cívico lo recibe el 13 de abril, junto a Juan Montalvo, González Suárez, Luis F. Borja, Víctor Peñaherrera, entre otros. El santo Hermano Miguel, de esta manera, es considerado modelo de catequistas, apóstol de la Eucaristía y símbolo del Magisterio Nacional.


Camino a los altares

Llevados a término todos los requisitos acostumbrados, el Papa Pablo VI, el 30 de octubre de 1977 procede a la Beatificación del Hermano Miguel y a la del Hermano belga, Hermano Mutien-Marie. La grande asistencia de peregrinos venidos de Bélgica, del Ecuador y de Italia, la acertada ceremonia y las palabras inspiradas de Pablo VI en la homilía y en el Angelus, han hecho inolvidable ese día para todos los afortunados participantes en la solemne celebración de la Piazza San Pietro.

El mismo día de la Beatificación, precisamente durante el desarrollo del sugestivo rito, se realizaba otro milagro: la Señora Beatriz Gómez de Núñez, afectada de incurable "miastenia gravis", se sintió completamente curada. Ya antes, con toda la familia, se había confiado a la intercesión del santo Hermano, y, como coronamiento de sus oraciones, había querido venir a Roma para la Beatificación.

Esta curación, reconocida como milagrosa, conlleva la reapertura de la causa, y, en el Consistorio del 25 de junio de 1984, el Pontífice Juan Pablo II fija para el 21 de octubre del mismo año la fecha de la Canonización.

Hoy, el Papa Juan Pablo II, poniendo entre los Santos a este religioso ecuatoriano, ofrece a la Iglesia entera y particularmente a la del Ecuador el modelo de un religioso culto, pero sencillo y humilde, de un catequista totalmente entregado a la obra de la evangelización, de un educador que ha ayudado a tantos jóvenes y niños a encontrar el sentido de su vida en Jesús y a vivir su fe como don y compromiso.

Hermano Miguel, una vida marcada por los milagros


Un milagro determinó la vida del cuencano Francisco Febres-Cordero Muñoz, quien después de tomar los hábitos se llamaría Hermano Miguel. Febres-Cordero nació el 7 de  noviembre de 1854, en Cuenca. No caminó sino hasta los 5 años, pues tenía una deformación notable en los pies. A esa edad llamó a su tía para decirle que en su rosal había una dama hermosa vestida de blanco.

Cuando llegaron no encontraron a nadie, pero en ese instante el Hermano Miguel caminó por primera vez, esto sería el inicio de su actividad espiritual, a la que se dedicó a los 14 años, pese a la oposición de su padre, Francisco Febres-Cordero Montoya, y su abuela.

Así lo relata Olga Murillo, sobrina bisnieta de este santo, que el 9 de febrero cumplirá 100 años de su fallecimiento.

Según Murillo, el proceso de  santificación empezó con el primer milagro que realizó en 1933 a sor Clementina Flores Cordero, quien tenía una grave enfermedad hepática.

Flores estaba tan enferma que para no sentir el dolor le inyectaban morfina, pero los hermanos de La Salle la visitaron y oraron al Hermano Miguel para que la sanara.

Al día siguiente, cuando el sacerdote del convento se dirigía a ponerle otra inyección, sor Flores salió caminando por los pasillos del convento.

Otro de los milagros que se atribuyen al Hermano Miguel es la sanación de Beatriz Gómez de Núñez, quien tenía  miastenia gravis (enfermedad neuromuscular crónica). Según Murillo, este ocurrió durante la beatificación en la plaza San Pedro, en Roma. "Ella había ido para agradecerle y de repente ya no sintió más dolor".

Además de estos milagros, el Hermano Miguel se destacó por escribir libros de gramática, matemáticas, historia y también de catequesis. Fue elegido integrante de la Real Academia de la Lengua en Quito. Hablaba con fluidez francés, italiano, español, inglés, alemán y latín.

 

viernes, 13 de septiembre de 2013

“Dar más y exigir menos”


CAPITULO 10

VITALIDAD DEL INSTITUTO

                                                                                                                                                              

162. Las Hermanas Guadalupanas de la Salle pueden aplicar a su  Instituto lo que San Juan Bautista de La Salle decía del Instituto de los Hermanos por él fundado, a Saber: “este Instituto es de grandísima necesidad”. *Los jóvenes, los pobres, el mundo y la Iglesia necesitan del ministerio de las Hermanas.

A pesar de las dificultades que encuentran, las Hermanas saben, por la fe, que Dios no abandona “Su obra”,*si no que “se complace en hacerla fructificar día tras día”.

Dios en su providencia ha llamado a cada una de nosotras a trabajar para su Reino confiándonos a nuestros destinatarios, por lo tanto  nuestro Instituto es de grandísima necesidad porque somos mujeres consagradas a Dios  que llevamos a todos los niños y jóvenes al encuentro con Dios, volviéndose nuestro trabajo más trascendental cuando el mensaje del Señor ha llegado a los niños y jóvenes y ellos son capaces de llevarlo a sus familias. Somos Hermanas que dedicamos nuestro tiempo, juventud, capacidades y talentos por la educación humana y cristiana de los que se nos son confiados, el ser Hermanas es tener coherencia de vida y ser capaces de conducirlos por el camino de su vocación logrando así que Jesús viva por siempre en sus corazones.

A pesar de las dificultades y los grandes retos que se nos presenta día a día  es Dios quien va guiando nuestros pasos, nosotras debemos ser esos instrumentos dóciles para que el Señor realice su obra convirtiéndonos en embajadores de Dios aquí en la Tierra.

Te invito a que todos los días puedas ir descubriendo porque nuestro Instituto es de grandísima necesidad y de esa manera ir fortaleciendo tu Vocación porque donde hay una Hermana Guadalupana de la Salle hay vida.  
Hna. Ángela María Flores Parra