Entrevista: HERMANA BERTHA:
SEGUIR a LA SALLE
en FEMENINO
¿Cómo se definen las Hermanas Guadalupanas
de La Salle, en el contexto de la Familia
Lasaliana?
¿Dónde se sitúan en el ámbito dicha
Familia?
Las Hermanas Guadalupanas de La Salle somos
mujeres consagradas con un ideal de servicio a
los más necesitados, y una historia en circunstancias, diferentes de las que hoy nos toca vivir. Con un carisma y espiritualidad bien concretos heredados de San Juan Bautista de La Salle, a través de nuestro Fundador, el Hno. Juan Fromental Cayroche. Nos situamos como parte de la familia lasallista, dentro de los Asociados.
¿Cuántas Hermanas son en la actualidad y dónde
están presentes?
Somos 248 Hermanas que hacemos presencia de Familia Lasaliana en femenino, en diez países
que son: Bolivia, Brasil, Colombia, Estados Unidos, Ecuador, Italia, Madagascar, México y Perú.
En su 8º Capítulo General, celebrado en 2004, revisaron su historia reciente y analizaron los
retos a los que hoy deben responder. ¿Cuáles son esos retos?
Ante todo, el Capítulo General del 2004 ha comunicado al Instituto, con fuerza y de manera unánime, su convicción de que nosotras somos portadoras del carisma de La Salle y de que queremos vivirlo en plenitud en nuestra condición de Hermanas Guadalupanas de La Salle. Hemos sentido el desafío que nos lanza la Regla: “La vida de cualquier Instituto es una creación incesante en la fidelidad, que exige a veces decisiones costosas” (R169); y pensamos que este es nuestro momento. “El Señor ha querido poner el destino del Instituto en manos de las Hermanas” (R163),
y a nosotras nos corresponde trazar el proyecto del Instituto en el mundo y la Iglesia de hoy, desde el carisma de San Juan Bautista de La Salle, a través de nuestro Fundador, el Hermano Juanito.
La Iglesia y la sociedad han cambiado ¿En qué han cambiado y en qué dirección deben seguir haciéndolo las HGL para responder a los nuevos retos?
Vivimos nuestra consagración en un contexto histórico, en una Iglesia y un mundo marcados por la historia. La Iglesia está trazando nuevos caminos y redescubriendo los que olvidó, impulsada por el Concilio Vaticano II. Y el mundo, inmerso en la globalización con todas sus luces y sombras. Queremos ser y vivir en el corazón de la Iglesia, viviendo la comunión con la Gran Familia Lasaliana. Somos conscientes de que para entrar en esta comunión, en este camino, tenemos que seguir revisando nuestra forma de presencia, tanto personal como comunitaria, en nuestras obras apostólicas y en el conjunto de la Iglesia. Y estamos luchando y trabajando para ello, dando prioridad a la formación inicial y permanente de las Hermanas. Como Instituto, también debemos afrontar el reto de la inculturación, que le llega de su presencia en países diferentes del que le vio nacer. Por lo tanto, debemos buscar la encarnación evangélica en cada uno de esos países, preparando a las Hermanas que son enviadas como
formadoras a esos lugares para que sean capaces de trasmitir la identidad de HGS desde la solidaridad
y el respeto a la cultura de cada país.
Como mujeres consagradas que viven en femenino el carisma de La Salle. ¿Qué riqueza aportan
las Hermanas Guadalupanas a la Iglesia y al conjunto de la Familia Lasaliana? ¿Cómo podría definir su peculiaridad?
Nos hemos dado cuenta que la familia lasallista desea ver en nosotras la encarnación del carisma
de La Salle, vivido en plenitud como mujeres consagradas.
Somos portadoras del carisma de La Salle, vivido en plenitud como mujeres consagradas con un ideal de servicio a los más necesitados.
Las Hermanas Guadalupanas de la Salle llevamos en nuestro nombre la motivación central de nuestra
espiritualidad: ser mediadoras, como María, entre Jesús y los pobres de nuestro pueblo (R 6).
Queremos ser trasmisoras, en el seno de la familia lasallista, de este icono de María de Guadalupe,
mujer que lleva en su seno a Jesús y quiere darlo a luz en medio del pueblo al que viene enviado, y al que dirige su mirada.
Queridos miembros todos de la Familia Lasaliana, en esta Iglesia-Comunión, nuestra Iglesia de hoy, está sucediendo un nuevo Pentecostés que no hemos sabido valorar suficientemente. Se trata de la gran floración de los carismas que eran, hasta hace poco, patrimonio de unos pocos, los “consagrados”. Nuestro carisma lasallista está siendo descubierto y compartido por muchos otros creyentes cristianos, e incluso no cristianos.
Sabemos que la iniciativa es del Espíritu. A nosotras sólo nos corresponde secundarla y actuar
Llevamos en nuestro nombre la motivación central de nuestra espiritualidad: ser mediadoras, como María, entre Jesús y los pobres.
Confío en que cada vez serán más quienes se adhieran a esta gran misión.
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