miércoles, 31 de julio de 2013

ARQUETIPOS DE LA VIDA RELIGIOSA EN LUCAS


Por: Cecilia Paola Tenorio Pazmiño,

 

INTRODUCCIÓN:

            El camino hacia Jerusalén que emprende Jesús, según el evangelista Lucas, inicia en el capítulo 9 desde el verso 51, a lo largo de esta “subida a Jerusalén”, se puede vislumbrar las diferentes situaciones, controversias y posturas que se pueden suscitar al momento de querer seguir con radicalidad a Cristo. Para entender las falencias y los aciertos de la vida religiosa como una respuesta antes las demandas de la sociedad, se puede recurrir a tres textos lucanos,  si se hace un paralelo  entre las narraciones del rico y Lázaro (16,19-31), el joven rico (18,18-30) y Zaqueo (19,1-10), con las diferentes dinámicas de la Vida Religiosa que desde siempre se ha enfrentado, se puede notar cueles son las exigencias del Reino.

ANDAR PARA ENTEDER

Hay que hacer un breve repaso de los antecedentes que el evangelista sugiere antes de las tres narraciones mencionadas, pues se debe caminar con el mismo Jesús para entender las exigencias del reino. Desde que inicia el camino a Jerusalén empieza el proceso de los discípulos, como Jesús va rompiendo sus esquemas y va generando controversia. Antes de lanzar la propuesta del Reino, Jesús se asegura que sus discípulos hayan comprendido que el poder, los privilegios y las seguridades no entran en la lógica del Reino (9, 57-62). Por otro lado el envío de los setenta y dos, nos refiere a que la construcción del reino necesita colaboración, no es solo para un grupo de “privilegiados o elegidos”, sino de los sencillos y dóciles de corazón (10,21b). El evangelista nos narra también como Jesús se enfrenta con el ritualismo con la propuesta del amor al prójimo (10, 25-37), dejar los extremos de las ocupaciones y pacifismo para hacer de lo contemplado una verdadera opción de vida y seguimiento (10,38-41). Las discusiones con los fariseos y maestros de la ley (11, 14- 53), muestra como se deja a un lado la alianza hecha por lo patriarcas para dejarse llevar por los ritualismos, falsas expectativas, poderes que ahogan la alianza (11,33). La misericordia del Padre que denota las parábolas del capitulo 15son un punto de inicio muy importante para entender que la lógica del Reino es el ultimo lugar, el servicio y la radicalidad de la entrega.

Todos estos antecedentes dan lugar para comprender porque Jesús se preocupa tanto de dejar claro a sus discípulos que la construcción del reino solo se hace desde el ultimo lugar, desde la mirada del pobre, del amor radical, que años mas tarde seria los votos que sustentan la vida consagrada, la obediencia, la pobreza y  la castidad respectivamente.

LAS TRES CARACTERÍSTICAS EN VIDA RELIGIOSA

Estas tres narraciones lucanas nos llevan comprender parte de las dinámicas que hoy vive la vida consagrada, y como de acuerdo a sus necesidades, prioridades y realidades, se han ido construyendo.

EL HOMBRE RICO Y LAZARO (16,19-31): De las congregaciones que tienen este arquetipo

Se refiere a un hombre rico de finos trajes y elegantes banquetes, que junto a él estaba el pobre Lázaro que de las migajas que caen de la mesa se alimenta, el rico jamás le niega que el pobre este a su lado, de hecho se podría comprender que el rico le daba lo que creía tenia que darle, sus sobras, y así “hacer algo por los demás”. Al morir el rico reconoce a “su padre Abraham y al pobre que estuvo bajo su mesa, Lázaro

Cierta parte de la Vida Consagrada es como el rico, que se ha llenado de lujos excesivos, casas y comunidades innecesarias, hábitos ostentosos  en su precio, crucifijos de plata,  anillos de oro y ornamentos bordados de oro y todo en nombre de Dios. Que de las celebraciones eucarísticas han hecho todo un espectáculo ritualista que bien podrían compararse a los banquetes que el texto bíblico menciona. Y que para justificar sus riquezas y darles “uso” fundan obras misionales, que dan lo mínimo y encubren injusticias.

Y cuando hay confronte en una crisis o un cuestionamiento que la misma Iglesia le hace, se convierte en el rico que muerte reconoce que quien le debía (Padre Abraham), y que sabia quien era el podre que necesitaba de él, incluso sabía su nombre (Lázaro).

La Vida Religiosa puede caer en el papel del rico que sabiendo a quien le deben obediencia, se  dan al mejor postor, que reconociendo quienes son sus pobres disfrazan su verdadera misión.

EL JOVEN RICO (18,18-30): De los que se desilusionan por no dar más

Un hombre importante quiere seguir a Jesús, ya a cumplido con todo lo de la ley, ha sido bueno, cumplidor intachable de los preceptos, pero no sabe que mas hacer para alcanzar la vida eterna. Jesús le responde vende todo lo que tienes dáselo a los pobres y tendrán tesoros en los cielos. Luego ven y sígueme. Que difícil de asimilar para a aquel que de su vida ha hecho un ritual y creer que por cumplir la ley y los preceptos ya no tiene que abandonarse  a la providencia de Dios.

En la Vida Religiosa ocurre lo mismo, hay quienes se ha dejado seducir por la idea del Reino de Dios, su justicia perfecta y la entrega a los más necesitados, sin embargo el gran “pero” es cuando el Reino exige un poco mas de lo que ya se ha dado.

A muchos religiosos les sucede esto, que desde sus inicios han vivido su consagración como un ritual legalista, que se han limitado con cumplir cada voto al pie de la letra y cuando nacen nuevos discursos sobre la consagración y la vivencia de los votos, le causa conflicto, como al querer decir que la castidad ya no es negarse a tener una relación con el otro sexo, sino al decir que castidad es el voto del amor, de la entrega radical al; que al decir obediencia nos referimos a la libertad de elegir y aceptar la voz de Dios en los superiores; la pobreza como le votos del abandono en la providencia y disfrutar de lo que se tiene y de lo que se carece. Esta postura se nota mucho mas a partir del Concilio Vaticano II y los documentos de Puebla, Medellín, que al ver que ya los rituales y la ley quedo atrás, con la cabeza baja se regresan a sus casas o se han encerrado en sus esquemas.

ZAQUEO (19,1-10): De los que se dejan seducir

Un hombre lleno de luces y sombras, que desde su pequeñez busca la manera de ver pasar Cristo y en su intento por verlo, Jesús vuelve la mirada a él y le pide hospedarse en su casa, sin mas que decir el lo recibe y se deja tocar por la presencia salvadora de Jesucristo, que sin vacilar se compromete a devolver lo que no es suyo incluso con creses. Jesús reconoce sus su acción y proclama la salvación de este hombre y todos los que habitan con él.

Sin duda Zaqueo es un modelo a seguir. Gran parte de la vida consagrada sigue su proceso. Al inicio quizá no son lo que deben ser, las seducciones de la sociedad las envuelve, pero  al saber que Jesús está cerca, en sus mismas comunidades, se dejan envolver y toman la iniciativa así como Zaqueo de buscar la mirada de Cristo, y lo hacen. Quizá Zaqueo buscó un árbol, pero hoy los consagrados buscan ver a Dios en los empobrecidos, en los que no tienen voz , en los que se han quedado huérfanos no solo de familia, sino de patria, de ideales y sueños.

La vida Religiosa toma el rostro de Zaqueo que se ha dejado seducir por el mártir de reino y el poeta de la vida que con sus palabras lleva la salvación a los hogares. Son aquellas comunidades que han buscado su árbol porque se han visto pequeños, carentes de lo que se necesita para mirarlo y han dejado de lado los grande banquetes y fino trajes del rico; los ritualismos, leyes y preceptos del joven rico para verse pequeños como Zaqueo y dejar que el mismo Cristo habite en sus vidas, comunidades y sea el motivo de su consagración.

Para concluir retomo las palabras que San Francisco de Asís pronunció la noche en que Santa Clara se consagraba a Dios: “Todo esta preparado, continuo Francisco; El Esposo será Cristo; el celebrante, Santa María; y los ángeles, los testigos. Pero te advierto, hermana Clara, que vas a desposarte con un viudo. Su primera esposa se llamó Pobreza; ella es hoy una reina destronada y desterrada. La nueva esposa tiene que tener la misma cara que primera. Aquí tienes tu traje de novia”.[1]

La vida religiosa hoy debe desposar nuevamente a la pobreza como dueña y señora de su consagración, no olvidando que esta concierne también a los ideales, pensamientos y ambiciones. Está llamada a vivir y  encarna la Pobreza evangélica.



[1] EL HEMANO DE ASÍS, Ignacio Larrañaga. Pág. 240

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