martes, 29 de abril de 2014

LA EXPERIENCIA DE UNA JOVEN MUJER

Hacia el noviciado…


¿Cómo empezar a escribir la vida?, ¿Cómo redactar las líneas del corazón?. Es difícil hablar de aquello que se he vivido con tanta pasión que las palabras se acortan y carecen de sentido, para expresar la vivencias, los amores, os recuerdos y las frustraciones que he tenido que asumir para llegar al momento en el que estoy. 
Vuelvo atrás y miro a una joven llena de ilusiones, con las ganas para seguir soñando, pero así mismo miro una joven que se deja llevar por los impulsos y que la esclavitud de las ideas le gana para aprisionarle la mente.
Hoy vuelvo sobre ello y me es grato ver como he crecido, como he podido descubrir las cualidades que hace de mí una persona que se deja guiar por la fuerza del corazón, puedo asegurar que  las ganas de luchar han mitigado mi propia indecisión e inseguridad de seguir luchando por mí misma y por aquello que hoy la gente ya no quiere luchar.
Verme hoy a las puertas del noviciado, es casi una experiencia religiosa, como diría la canción. Sentir que poco a poco voy afianzando a lo que llamamos “vocación”, después de un periodo de casi diez meses. Me siento bien con lo que he podido vivir en el postulantado, la experiencia de vivir con mis hermanas de comunidad y las dos hermanas que se han encargado de mi formación, es de un valor inmenso e invaluable, pues lo que he aprendido en estos meses acerca de mí, sobre mis limitaciones y virtudes que hacen que desde el fondo de mi corazón desee ser hermana de los jóvenes y niños, hermana del Cristo pobre que se presenta en la gente y en los mas desvalidos.
Acepto que no ha sido tarea sencilla seguir el ritmo de la formación, no porque sea difícil y complicada, sino porque en mi condición de ser he tenido que afrontar el pasado y configurarlo con mi presente, situación que con la ayuda de las hermanas he podido llevarlo y hacer de esto un motor móvil para querer seguir siendo mejor. Pero lo que sin duda, me ha mantenido viva, motivada y llena de ilusiones y esperanza a sido el abandonarme incondicionalmente en los brazos de mi Señor, él ha sido le único que se a quedado esperándome a que me calme y siga después de mis rabietas trabajándome y apasionándome por el trabajo, la misión, la comunidad.
Con certeza cada vez que he salido en busca para encontrar mi propio yo, he descubierto nuevos enigmas, nuevas dificultades, pero estoy convencida que cada búsqueda ha sido un encuentro con el Dios de la vida y la eternidad.
Dicen que la única misión del ser humano es cumplir con su Leyenda Personal, y esto es lo que hoy estoy dispuesta a realizar. Mas que seguir una vocación, quiero ser feliz y sé que dentro del Instituto lo puedo hacer.
En este tiempo de formación, descubrí que la vocación nos es un llamado, no es que el Señor me haya enviando una carta, o una señal sobrenatural, sino que es sentir que tengo la gran capacidad de amar que estoy dispuesta a dar mi vida entera por la felicidad. El postulantado me he enseñado que la vida es una constante decisión, pero que en esa constante debo ponerle toda mi pasión y entrega. Otra de la socas que este proceso aprendí, es que no debo renunciar a nada para seguir, porque renunciar incluye frustraciones, lo que se hacer es regalarse mas a la gente y las cosas que nunca podré hacerlas ofrecerlas al Padre Eterno como una ofrenda de amor.
Iniciar una nueva etapa me trae muchas interrogantes, pero a su vez me llena de ilusión por seguir descubriéndome, de seguir encontrándome conmigo misma en la soledad y de seguir buscando los momentos en los que podré escuchar al Jesús que estoy segura vive en mi, al Jesús que me anima y me ama sin condición.
Hoy deseo vivir el presente con la energía que solo puede salir del alma, revivir los ideales del fundador, los sueños de las hermanas que con gran ilusión creen en la utopía y las quimeras, que solo se pueden realizar si se ama, si se lucha, si se sigue cantando y pintando este mundo de los más bellos colores, porque lo único que importa en la vida en lo verdadero, bueno y bello que se contuve solo con la mano amiga del Maestro Bueno, que nos ha elegido como sus amigo y nosotros hemos aceptado con amor.
No me queda mas que decir que la vida en es un ratito apenas, y que podemos soñar, luchar, amar, cantar y hacer de la vida la música más bella si nos dejamos guiar por el inmenso amor de Cristo, el Resucitado, que vino y quedó para siempre en nuestros corazones como  el impulso para hacer de este mundo un lugar más fraterno, más solidario y más humano.
Hacia el noviciado no va solo una persona, van sueños, van esperanzas, van ganas de gastar la vida en la misión de seguir con la construcción del Reino de Dios, que esta presente y solo hay que anunciarlo.


Fraternalmente, Cecilia Paola, Novicia 

1 comentario:

  1. Volver a leer lineas me recuerda las primeras motivaciones, los sueños que nunca se han ido, los ideales que se mantienen... La entrega que se vive...

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