Hacia el noviciado…
¿Cómo empezar a escribir la vida?, ¿Cómo redactar las
líneas del corazón?. Es difícil hablar de aquello que se he vivido con tanta
pasión que las palabras se acortan y carecen de sentido, para expresar la
vivencias, los amores, os recuerdos y las frustraciones que he tenido que
asumir para llegar al momento en el que estoy.
Vuelvo atrás y miro a una joven llena de ilusiones,
con las ganas para seguir soñando, pero así mismo miro una joven que se deja
llevar por los impulsos y que la esclavitud de las ideas le gana para
aprisionarle la mente.
Hoy vuelvo sobre ello y me es grato ver como he
crecido, como he podido descubrir las cualidades que hace de mí una persona que
se deja guiar por la fuerza del corazón, puedo asegurar que las ganas de luchar han mitigado mi propia
indecisión e inseguridad de seguir luchando por mí misma y por aquello que hoy
la gente ya no quiere luchar.
Verme hoy a las puertas del noviciado, es casi una experiencia religiosa, como
diría la canción. Sentir que poco a poco voy afianzando a lo que llamamos
“vocación”, después de un periodo de casi diez meses. Me siento bien con lo que
he podido vivir en el postulantado, la experiencia de vivir con mis hermanas de
comunidad y las dos hermanas que se han encargado de mi formación, es de un
valor inmenso e invaluable, pues lo que he aprendido en estos meses acerca de
mí, sobre mis limitaciones y virtudes que hacen que desde el fondo de mi
corazón desee ser hermana de los jóvenes y niños, hermana del Cristo pobre que
se presenta en la gente y en los mas desvalidos.
Acepto que no ha sido tarea sencilla seguir el ritmo
de la formación, no porque sea difícil y complicada, sino porque en mi
condición de ser he tenido que afrontar el pasado y configurarlo con mi
presente, situación que con la ayuda de las hermanas he podido llevarlo y hacer
de esto un motor móvil para querer seguir siendo mejor. Pero lo que sin duda,
me ha mantenido viva, motivada y llena de ilusiones y esperanza a sido el
abandonarme incondicionalmente en los brazos de mi Señor, él ha sido le único
que se a quedado esperándome a que me calme y siga después de mis rabietas
trabajándome y apasionándome por el trabajo, la misión, la comunidad.
Con certeza cada vez que he salido en busca para
encontrar mi propio yo, he descubierto nuevos enigmas, nuevas dificultades,
pero estoy convencida que cada búsqueda ha sido un encuentro con el Dios de la
vida y la eternidad.
Dicen que la única misión del ser humano es cumplir
con su Leyenda Personal, y esto es lo que hoy estoy dispuesta a realizar. Mas
que seguir una vocación, quiero ser feliz y sé que dentro del Instituto lo
puedo hacer.
En este tiempo de formación, descubrí que la vocación
nos es un llamado, no es que el Señor me haya enviando una carta, o una señal
sobrenatural, sino que es sentir que tengo la gran capacidad de amar que estoy
dispuesta a dar mi vida entera por la felicidad. El postulantado me he enseñado
que la vida es una constante decisión, pero que en esa constante debo ponerle
toda mi pasión y entrega. Otra de la socas que este proceso aprendí, es que no
debo renunciar a nada para seguir, porque renunciar incluye frustraciones, lo
que se hacer es regalarse mas a la gente y las cosas que nunca podré hacerlas
ofrecerlas al Padre Eterno como una ofrenda de amor.
Iniciar una nueva etapa me trae muchas interrogantes,
pero a su vez me llena de ilusión por seguir descubriéndome, de seguir
encontrándome conmigo misma en la soledad y de seguir buscando los momentos en
los que podré escuchar al Jesús que estoy segura vive en mi, al Jesús que me
anima y me ama sin condición.
Hoy deseo vivir el presente con la energía que solo
puede salir del alma, revivir los ideales del fundador, los sueños de las
hermanas que con gran ilusión creen en la utopía y las quimeras, que solo se
pueden realizar si se ama, si se lucha, si se sigue cantando y pintando este
mundo de los más bellos colores, porque lo único que importa en la vida en lo
verdadero, bueno y bello que se contuve solo con la mano amiga del Maestro
Bueno, que nos ha elegido como sus amigo y nosotros hemos aceptado con amor.
No me queda mas que decir que la vida en es un ratito
apenas, y que podemos soñar, luchar, amar, cantar y hacer de la vida la música
más bella si nos dejamos guiar por el inmenso amor de Cristo, el Resucitado,
que vino y quedó para siempre en nuestros corazones como el impulso para hacer de este mundo un lugar
más fraterno, más solidario y más humano.
Hacia el noviciado no va solo una persona, van sueños,
van esperanzas, van ganas de gastar la vida en la misión de seguir con la
construcción del Reino de Dios, que esta presente y solo hay que anunciarlo.
Fraternalmente, Cecilia
Paola, Novicia
Volver a leer lineas me recuerda las primeras motivaciones, los sueños que nunca se han ido, los ideales que se mantienen... La entrega que se vive...
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