martes, 17 de junio de 2014

PENTECOSTÉS Y LO FEMENINO


   La sabiduría es un concepto abstracto. No tiene que ver necesariamente con una figura personal. pero, a pesar de ello, parece que choma (sabiduría) era originalmente una divinidad femenina, una figura mítica que más adelante, en el judaísmo, se transforma en potencia divina masculina y abstracta.
   La sabiduría es, en primer lugar, sabiduría de la vida: sabiduría de la espera, de la aceptación y de la madurez. Está muy cercana al crecimiento y a la totalidad. es un instinto creativo, comparable al embarazo, que se realiza independientemente de la consciencia de la mujer. En los libros de la sabiduría, la sabiduría se dirige al hijo, no a la hija. Es como si nuestra mitad femenina hablara con la masculina. No se trata aquí de hombre y mujer, sino de las posturas básicas masculinas y femeninas.
   En el libro del Eclesiástico (Si. 24,9) se dice: “Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré”. La sabiduría es un principio femenino que penetra el universo entero. es un principio que va más allá de la muerte. Por ello, en el libro de los Proverbios figura lo siguiente (Pr. 8,35 ss): “Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de Yahveh. Pero el que me ofende, hace daño a su alma;  todos los que me odian, aman la muerte”.
Las enseñanzas de la sabiduría son una especie de “educación del ánima”, utilizando la terminología de Jung. Lo femenino se dirige a lo masculino. Lo femenino es más amplio, es lo creativo que estuvo presente en la creación del mundo, y también es la fuente originaria de la vida en nosotros.
   En occidente nos hemos desarrollado en una dirección en la cuenta la acción, el trabajo realizado, y no el SER. Dominar, dirigir, ordenar y actuar ocupan el primer lugar. En nuestra sociedad se enseña y se valora la lógica y el saber intelectual.
   Pero la sabiduría no es un saber intelectual. Es el conocimiento de la naturaleza verdadera de las cosas. Es el principio organizador, tanto en el universo como en el ser humano. Mientras que el principio masculino se rebela y atenta con facilidad, de manera soberana, contra el orden del universo, el principio femenino de la sabiduría se identifica con el orden del universo, el principio femenino de la sabiduría se identifica con el orden fundamental del mundo y, así, también con la voluntad de Dios. Siendo el orden básico del mundo, es la voluntad de Dios mismo.
   El elemento patriarcal ha creado los mandamientos que exigen una obediencia incondicional y, a menudo, hasta absurda. pueden ser tan intransigentes que vayan en contra de la naturaleza. Muchas veces tiranizan a las personas; pensamos tan sólo en los mandamientos de pureza para las mujeres, cuando tenían la menstruación.
La sabiduría no se orienta hacia la voluntad masculina o autoritaria sino hacia el orden cósmico que el individuo experimenta cuando se recoge en su fuero interno. La sabiduría trata de la vida verdadera del ser humano. No es pensar en opuestos sino experimentar la unidad y totalidad. Las imágenes de la sabiduría son el árbol de la vida, que crece y se despliega desde dentro, y la fuente de vida, de la cual fluye la sabiduría. Por ello, la sabiduría procede de una rama tradicional de carácter fuertemente matriarcal, contraria a la posterior tradición patriarcal del Yahveh de la Biblia. Es un complemento necesario de imagen patriarcal de Dios y del ser humano. Pero también representa uno de nuestros aspectos, que debemos aceptar y desplegar.

Pentecostés


   En estos días de Pentecostés tiene lugar, en esta Casa, un cursillo que se ocupa de la palabra y del contenido de la sabiduría. La sabiduría es un concepto que se cita muy a menudo en la Biblia. Al principio no se relacinaba con una persona, porque originalmente era el término usado para referirse a la experiencia del Fondo originario inefable de todo lo creado; se refería a la intimidad con lo divino sin una verdad fijada y sin mediadores, sin templos ni sacerdotes. Lo inefable penetra en nuestra consciencia mediante el mito, la danza, el ritual y los cantos y gestos repetidos. Se incorpora al cuerpo y hace que las energías de la vida fluyan libremente.
   Pero la intimidad directa y vivida con lo divino siempre es recogida por los seguidores de las personas místicas en conceptos, imágenes y decretos. De esta forma lo inefable se vuelve a la hoguera de la Inquisición, a la Yihad (guerra santa) y a las cruzadas.
   Al principio, el término “sabiduría” se refería a la experiencia de lo inexpresable, de aquello que no se puede nombrar. Los textos originarios, que parecen haber sido modificados más adelante por la religión patriarcal, eran muy diferentes de los textos posteriores. Apoyándonos en los textos originales, el párrafo del Antiguo Testamento del libro de los Proverbios Pr. 8,22 ss, que se habla de la sabiduría, podría leerse como sigue:


“Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada.
No había hecho aún la tierra ni los campos, ni el polvo primordial del orbe.
Cuando asentó los cielos, allí estaba yo, cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,
cuando arriba condensó las nubes, cuando afianzó las fuentes del abismo, cuando al mar dio su precepto - y las aguas no rebasarán su orilla - cuando asentó los cimientos de la tierra,
yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando por el orbe de su tierra; y mis delicias están con los hijos de los hombres.
Ahora pues, hijos, escuchadme, dichosos los que guardan mis caminos.
Escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despreciéis.
Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada.
Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de Yahveh.
Pero el que me ofende, hace daño a su alma; todos los que me odian, aman la muerte”.


 
    Probablemente el concepto de la sabiduría se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo, también en Occidente, en una figura femenina.
O sea, toma  la figura de mujer y se convierte en divinidad, con un nombre y a la que nos podemos dirigir. A veces muestra los rasgos de una mujer joven y atractiva, a veces los de una madre misericordiosa. En las religiones occidentales se convirtió muchas veces en una mujer joven que realiza la creación danzando. Su obrar es caprichoso porque crea a partir del caos; es pura energía vital, con mucho brío, creatividad e inspiración.
   En el Antiguo Testamento la sabiduría se transforma en “ruah”. Ése término hebreo significa hálito, aliento. Muchas veces significa más que esto, más que una persona, porque ruah está lleno de energía y dinamismo. Ruah es femenino. En nuestro idioma el término ha cambiado de sexo y se convirtió en palabra griega pneuma  y en la latina spiritus, se convirtió en el viento, el aliento, el espíritu en algo masculino.
   La lectura del Libro de la sabiduría del Antiguo Testamento  que acabamos de escuchar muestra que “sabiduría” designa la energía originaria creadora. Probablemente la introducción al Evangelio de san Juan es tan sólo la modificación de un texto matriarcal antiquísimo. Ese texto podría haber sido originalmente como sigue:  (Jn. 1,1-16)
“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios.
 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre;
 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia”.

   La sabiduría se convierte en aliento, espíritu y pneuma. El carácter originario femenino sigue resonando si modificamos en femenino el himno de Pentecostés.
   Sabemos que Dios no es ni masculino ni femenino. Las imágenes de Dios pueden facilitarnos el acceso a lo divino sin imágenes, o bien cerrar ese acceso. Pero ese acceso es demasiado unilateral debido a las imágenes patriarcales, como Señor, Rey y Juez. De ahí que sea bueno familiarizarnos nuevamente con los términos femeninos de la Realidad originaria divina. Si nuestra imagen de Dios se complementara con los rasgos femeninos de la misericordia, de la curación y la solicitud, no habría tantas neurosis de origen eclesial, causadas por el Dios masculino imaginado como juez.
   El Dios de Jesús es un Dios protector con rasgos femeninos. Os recuerdo la parábola del hijo pródigo. Cuando el hijo vuelve a casa, el padre parece más bien una madre que viniste de nuevo al hijo, la coloca un anillo e el dedo y celebra una fiesta.  
   Pero, a fin de cuentas, no se trata de cimentar nuestra imagen de Dios en los rasgos femeninos de la sabiduría; se trata más bien de reconocerlos en nosotros mismos y despertarlos a la vida.
Esto ocurre cuando vivificamos la sabiduría, ese Espíritu originario, al invocarlo.
   Nuestra oración final es: ¡Espíritu Santo, dame tu aliento! Si soy como un barco sin viento, llena mis velas con tu hálito. Si soy como un fuego mortecino, aviva mis llamas. Si soy un pájaro con las alas rotas, cúrame con tu soplo. Si me quedo exhausto antes de llegar a la meta, sé tú un vendaval que me siga llevando. El Espíritu Santo llena el globo entero. En él todo tiene su existencia.
   La sabiduría es, pues, la Realidad primera que aún carece de nombre. Es comparable a lo que el maestro Eckhart quiso describir con el término “divinidad”, que es la crea luego el Dios al que se le puede dirigir la palabra. La divinidad en Eckhart es algo que rebosa, se desborda, algo que se crea a sí mismo. En cambio, Dios es algo que puede comprenderse, es algo que ya ha salidos del Fondo indecible y no comprensible mediante la razón, del Fondo originario, como lo denomina la mística.



  


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